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Publicaciones propias - Revista


REVISTA Nº 6:

Otoño

2011


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Editorial

Las nuevas tecnologías han abierto perspectivas que la Genealogía apenas podía soñar hace pocos años. Al mismo tiempo, hemos asistido a un auténtico auge en Internet con la proliferación de foros y páginas especializadas que, desde el primer momento, despertaron el interés de aficionados, profesiones y ciertos círculos del mundo académico. Sin embargo, las posibilidades que nos brindan estas nuevas herramientas no han tenido un reflejo claro en la sociedad. La Genealogía apenas está presente en los ambientes culturales, la producción editorial es prácticamente nula, los foros languidecen poco a poco y las páginas especializadas van dejando al descubierto su vocación comercial a medio y largo plazo. No hemos sabido aprovechar el momento.

Llegados a este punto, las asociaciones genealógicas deberíamos pararnos a reflexionar, analizar en qué hemos fallado, y ver qué podemos hacer para que nuestra disciplina cale en los ambientes culturales dejando atrás, definitivamente, ese cierto halo de ciencia trasnochada.

Dentro del mundo de la Genealogía convivimos diferentes colectivos: desde los aficionados que -sin mayores pretensiones- intentan elaborar su árbol genealógico hasta los especialistas del mundo académico, pasando por personas que necesitan documentar su filiación por motivos políticos o administrativos, grupos religiosos o profesionales con intereses comerciales. Cada grupo persigue sus propios objetivos y ve nuestra disciplina desde un ángulo diferente y, posiblemente, esa variedad de objetivos, métodos y técnicas es la que no hemos sabido valorar y encauzar adecuadamente.
Al día de hoy, la práctica totalidad de nuestros esfuerzos están dirigidos a la elaboración de índices de partidas sacramentales y, en menor medida, a la transcripción de censos. A nadie se nos escapa la importancia de estos índices y, por tanto, la Genealogía es la primera beneficiada del esfuerzo humano que requiere su elaboración. Sin embargo, nos hemos circunscrito a entornos muy concretos y no hemos sabido contactar con otros especialistas que, desde el mundo académico, han abierto líneas de investigación en las que nuestra disciplina debía tener un claro protagonismo. A modo de ejemplo, podemos señalar tres que parecen especialmente interesantes:

- Los estudios de las élites locales, tanto urbanas como rurales, han crecido de forma considerable. Entre ellos destacan las llamadas prosopografías, centradas en la investigación de diversos colectivos en un marco cronológico concreto. Hace varios años que el profesor Enrique Soria Mesa advirtió de la necesidad de completar esta "prosopografía horizontal" con una "prosopografía vertical". Es decir, estudiar el devenir histórico de las familias de los miembros de esas élites locales analizando el papel que jugaron y las estrategias que siguieron a lo largo de un periodo de tiempo más amplio. Creo que a nadie se le escapa la importancia que la Genealogía tendría en esos estudios.
- Desde el campo de la historia de la población hace varias décadas que se comenzó a trabajar en proyectos de reconstrucción de familias que, sin duda, nos hubieran abierto nuevas perspectivas de haber participado en ellos.
- Por último, sería interesante tratar de vincular nuestros estudios a las historias locales. Son muchos los aficionados que han llegado a la Genealogía a través de este camino y, posiblemente, sea el que nos brinde mayores posibilidades de conectar con un sector más amplio de la población.
En este contexto, ¿Qué papel deberíamos tener las asociaciones genealógicas? En principio, y sin abandonar las actividades que hasta ahora venimos desarrollando, tendríamos que preocuparnos de acercar a los aficionados al mundo académico, despertar su interés por la bibliografía especializada, dar a conocer los métodos que utilizan y difundir las posibilidades que nos brindan todo tipo de archivos.
Las nuevas tecnologías se han convertido en una herramienta imprescindible para la Genealogía, pero corremos el peligro de perder una generación de genealogistas que debería ser la llamada a adecuar esta disciplina a las corrientes culturales del siglo XXI.


Santander octubre 2011



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